29 marzo, 2009

Reseña: Gokudô kyôfu dai-gekijô: Gozu (Yakuza Horror Theater. Gozu / Gran Teatro de Terror de Yakuzas: Gozu)


Sinopsis

El extraño comportamiento que recientemente ha mostrado Ozaki (Aikawa), miembro de la banda yakuza Azamawari, despierta la preocupación y suspicacia de su libidinoso jefe (Ishibashi). Éste ordena a Minami (Sone), un subordinado de Ozaki, que lo lleve a Nagoya, donde se encuentra el "área de deshecho de yakuzas".

Éste mandato hace que Minani entre en conflicto. Por un lado, debe cumplir la orden de su líder máximo, por otro, siente que está traicionando a su aniki (hermano yakuza), Ozaki, por quien guarda agradecimiento y estima.

El recorrido hacia Nagoya detonará una secuencia de hechos inexplicables, que contarán con la participación de una serie de enigmáticos personajes. Los límites entre la realidad fáctica y la simbólica quedarán diluidos y el desenlace forzará a la audiencia a desarrollar un juicio acerca del sentido de los personajes y de la trama, que no será fácil ni unívoco.

Trailer

Comentario
De acuerdo con las fuentes consultadas, ésta cinta fue lanzada al mercado japonés de video directo (v-cinema u OV [Original Video]) sin pasar por las salas de cine. Una decisión que realizadores como Miike toman generalmente para emanciparse de la doctrina del mercado cinematográfico y expresarse con total libertad.

Los entendidos señalan que una de las premisas en el primer bosquejo del guión -realizado por el mismo escritor que adaptó para Miike el manga Ichi the Killer a la pantalla,- fue: Qué pasaría si David Lynch rodase un película de yakuzas? Otra de las intenciones era desarrollar un nuevo híbrido dentro de la multiplicidad de géneros fílmicos japoneses, uniendo el de terror con el de yakuzas. De esta intentiva resultó "Gokudô kyôfu dai-gekijô: Gozu" que, de hecho, significa "Gozu: Gran Teatro de Terror de Yakuzas".

Sin embargo, ésta no es simplemente la historia de terror que el título y la intención inicial anuncian. Como otras obras de Miike, la estructura central de la trama fue subordinada a los temas que al director le interesan. Algunos, ya tratados en otras cintas, pero nunca como en esta ocasión: el carácter homoerótico de las sociedades cerradas, la femineidad como vía de redención de la masculinidad y la transfiguración de los géneros fílmicos.

Por supuesto que Gozu no dejará a l@s seguidor@s de Lynch y del terror insatisfechos, pues como el buen artesano que es, Miike manipuló a su antojo todos los elementos de producción para que su cinta sea, para ell@s, más que aceptable, inolvidable.

No obstante, el espectador inadvertido puede perderse. Y, cómo no, si el iconoclasta Miike explota la ambivalencia de todos los elementos que tiene a la mano, haciendo rozar lo sublime con lo ridículo, lo aterrador con lo risible, lo absurdo con la lucidez.

Ciertamente, el visionado de esta cinta se asemeja a un laberinto, con trampas, sorpresas y hasta con ese emblema de la bestialidad que es el minotauro. No por casualidad "gozu" significa en japonés, literalmente, cabeza de vaca.

También es el mismo laberinto que debe transitar Minami, que es, además, el que -desde la óptica psicoanalítica- todo imberbe varón cruza para construir su identidad sexual.

La explotación de estas dualidades, la saturación semiótica de cada personaje y de cada signo, son llevadas a sus extremos más bizarros. Pero no por antojo, ni por azar o burdo snobismo. Al menos, en mi opinión, creer que es así es perder el tiempo.

Miike no puede verse como un director caprichoso, hermético, mero provocador, ni siquiera intelectual. Él pone a prueba al espectador, que puede dejarse caer plácidamente en las redes de la aceptación convencional. Y eso tampoco está mal, no quiero juzgar a quienes disfrutan sus películas como productos bizarros a lo Cronenberg o a lo Lynch (como si ellos fueran sólo autores raros) o como cintas de terror, de suspenso con un pizzicato de comedia (tal como lo enseña la mejor escuela de cine de terror, esa premisa de burlarse de sí misma).

Pero mi apuesta es por ver a Miike más allá de estas fronteras, en las que desde occidente lo han encorsetado. Hay que involucrarse más con su carácter japonés a fin de, aunque suene paradójico, extraer su universalidad.

En el fondo esta producción está en clave nacional, Miike busca implosionar 2 de las principales tendencias cinematográficas del mercado para ese entonces, como se dijo en un inicio, los géneros de terror y yakuza. Justamente los más comerciales, los más populares, al punto de ser clichés del cine japonés.

Escoge éstos géneros y los satura de sentido, de valores, hasta que los destruye. Los hace inservibles para luego aprovechar esos restos y amalgamarlos. De la mezcla extrae 2 resultados: una burla contra la convencionalidad de los géneros y una declaración de principios que es recurrente en la mayoría de sus obras. Esta declaración de principios postula que para ser lo que somos debemos enfrentar la diferencia, la otredad, como un espejo. Para el hombre, la otredad es la mujer, en tanto redención de la masculinidad egoista, ególatra, infantil, autodestructiva.

De esto, Miike da cuenta también en Izo (2003, disponible en nuestra videoteca). Ambas comulgan en resultados y método.

Repito lo de la clave nacional, a propósito de otro componente:"GOZU contiene cantidad de bromas relacionadas con la ciudad de Nagoya y sus habitantes. Como por ejemplo, la típica pregunta que se hace a gente foránea: 'tú no eres de Nagoya, ¿verdad?', el servicio complementario en diversos establecimientos o su peculiar acento".

Además, en el tour de force del personaje de Minami, cada uno de los curiosos personajes con los que se topa, acentúan la mofa contra el carácter cerrado del japonés: "un policía local originario de Hong-Kong, la americana, propietaria de una tienda de sake, leyendo su diálogo escrito en romaji en un papel pegado en la pared del establecimiento."

Un juego que Miike repite en otras cintas como Like a Dragon y Negotiator (2007 y 2003, respectivamente, también disponibles en nuestra videoteca) , donde igualmente usa personajes de inmigrantes como recursos para enfrentar al purismo nipón.

De modo que su intención es cuestionar las identidades -bien sea la sexual, como la nacional-, lo constitutivo a uno y al otro. La lección no deja de ser extensiva para un occidental: mírate en el espejo ajeno.

Abordando elementos más formales, vale decir que Miike se esmera en ofrecer una excelente producción. Especialmente destaco la musicalización para la cual, como siempre, Miike ha convocado a Endo, quien aporta sonidos sugerentes, primitivos y viscerales, coherentes con el fin de crear una ambientación llena de incertidumbre, hasta hacer trepidar los sentidos.

En cuanto a las actuaciones, el reparto de Gozu también es recurrente a varias de sus realizaciones: la interpretación de Ishibashi, como siempre en su rol de ridiculizar a la autoridad, al poder. Aikawa, el mismo de la tríada Death or Alive (también en nuestra videoteca), como su sempiterno yakuza carismático; Tanba de The Happines of the Katakuris y Kato, de Agitator.

Y para concluir, sólo asegurar que Gozu es una pieza infaltable del cine de Miike, del cine asiático contemporáneo y del cine universal.

Ficha técnica
Director: Miike Takashi
País: Japón
Año: 2003
Guión: Satô Sakichi
Música: Endô Kôji
Fotografía: Tanaka Kazunari
Intérpretes: Sone Hideki , Aikawa Sho, Yoshino Kimira, Hino Shohei , Endo Kenichi , Ishibashi Renji, Ozawa Hitoshi.
Productora: Klock Worx Co.
Género: Yakuza, Terror, Suspenso, Thriller Psicológico.
Duración: 127 min.

SHINIGAMI

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