03 abril, 2009

Aportes: Onibaba, de Kaneto Shindô


“Plasma una historia de horror sin límites desde la perspectiva de sus perdedores. De paso, efectúa una apasionada declaración alegórica sobre la vida entre la escasez y el antagonismo de clase y sexo, y también pone al descubierto los impulsos psicológicos del género de terror.

El argumento se centra en dos campesinas, una madre (Otowa Nobuko) y su nuera (Yoshimura Jitsuko), que sobreviven a una guerra medieval a base de matar a samurais extraviados y vagabundos, y vendiendo su armadura a cambio de comida. Un día, un samurai con una máscara aterradora entra en la cabaña de la anciana y le pide que le enseñe a orientarse a través de los cañaverales circundantes. Obsesionada con el deseo de ver su cara, le mata, y en uno de los momentos más asombrosos de la película, le quita la máscara y ve el rostro de un japonés víctima de la bomba atómica (hibakusha).

La anciana empieza a utilizar la máscara, y en una terrorífica escena descubre que ha quedado fija de manera permanente en su cara. La mujer más joven abre a regañadientes la máscara con un hacha y descubre el rostro ensangrentado y torturado de un hibakusha vivo, del cual huye asqueada. La película termina con tres planos repetidos de la anciana corriendo detrás de la joven, gritando: 'No soy un demonio, soy un ser humano'.

Al transformar la máscara demoníaca en un objeto que oculta el rostro desfigurado del hibakusha (un grupo de personas estigmatizadas en el Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial), Shindô relaciona con brillantez la convención genérica con los horrores reales de su propio país”.
James Kendrick. 1001 películas que hay que ver antes de morir.

Andy Cheung

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