14 abril, 2009

Reseña: Kwaidan

Sinopsis
Es un film tan magnífico como desconocido. Está basado en una recopilación de cuentos fantásticos de igual título de Lafcadio Hearn. Cuatro historias son las que componen este film dirigido por Masaki Kobayashi, que obtuvo en 1965 el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes: «El Pelo Negro», «La Mujer de la Nieve», «Hoichi. El Hombre sin Orejas» y «En una Taza de Té».

Films japoneses de la magnitud de Ugetsu Monogatari (Mizoguchi, 1953) o Trono de Sangre (Kurosawa, 1957), se podrían enmarcan dentro del género fantástico, pero no únicamente en él. Es la película de Kobayashi, "la gran referencia del cine de fantasmas japonés" -según muchos libros especializados-, donde el fantastique es la razón de ser de la cinta, descubriéndose como una de las más asombrosas y subyugantes obras del cine nipón. Kwaidan se revela como un clásico no solo del cine japonés, sino del arte cinematográfico.

Trailer


Comentario
«El Pelo Negro»
El film se inicia con este cuento moral, una fábula sobre el verdadero amor y la ambición: un samurai vive en la pobreza y deja a su mujer por una vida mejor, volviéndose a casar con la hija de su nuevo señor; pero tiempo después se da cuenta que sigue enamorado de su primera esposa y vuelve en su busca, pero tras pasar con ella la noche descubrirá que el destino es cruel y despiadado, venciendo a su arrepentimiento.

«El Pelo Negro» sirve de perfecta introducción al mundo fantástico que deambula por todo el film y para descubrir e identificar la puesta en escena de Kobayashi: su estilo que se caracteriza por una imaginación visual extraordinaria, una narración pausada, donde abundan los planos generales, donde escasean los diálogos, donde la duración de los planos es consecuencia del tono examinador. También reseñable resulta la excelente reconstrucción histórica, desde unos decorados sublimes a un vestuario que parece no perder un detalle. En «El pelo negro» la aparición de lo extraño en el relato tiene su clímax en el descubrimiento del samurai de la realidad, donde el sonido y el movimiento de la cámara muestran el inimaginable horror que se ha apoderado de él, pero no sólo en ello: ya en su regreso se intuye que se han producido cambios pese a la aparente normalidad, en la poca cuidada casa, en el reencuentro de la mujer caracterizado por la brusquedad de la filmación...

«La Mujer de la Nieve»
Dos campesinos se ven atrapados en un cobertizo durante un fuerte vendaval en un día de invierno, cuando la aparición de una extraña mujer acaba con la vida de uno de ellos, perdonándole la vida al otro bajo palabra de mantener en secreto lo que vio allí. Es así como comienza «La Mujer de la Nieve», el segundo cuento del film. Es en éste donde la utilización del color ofrece la máxima expresión llegando a momentos antológicos, utilizándose, la mayoría de las veces, para diferenciar la estación del año y dotando al relato de la misma fascinación y misterio que envuelve a la mujer de la nieve.

La quietud, la aparente frialdad del estilo de Kobayashi, se convierte en otro perfecto recurso para la representación del horror: así la mirada del campesino a su mujer, su rostro descompuesto y sorprendido ante el alarmante parecido a la extraña mujer que desvela la mirada de su esposa y la revelación de ésta sobre quién es, cobra un significado terrorífico gracias a la puesta en escena, a un verdadero lenguaje fantástico. Sin duda, Kobayashi era consciente que no bastaba trasladar en imágenes un relato intrínsecamente sobrenatural para producir miedo, ésas deben ir acompañadas de una atmósfera genuinamente fantástica, de una puesta en escena fantástica. La forma debe complementar al contenido.

«Hoichi. El Hombre sin Orejas»
En el prólogo de este extraordinario relato un músico recita el enfrentamiento entre los Genji y los Heiké, que se funde con planos de cuadros que recrean la batalla e imágenes bellísimas de la misma, donde Kobayashi vuelve a demostrar el extraordinario uso que hace del color, y donde se aprecia de manera más clara la influencia del teatro japonés. Hoichi es el músico, un joven ciego experto intérprete de biwa (un tipo de laúd de cuatro cuerdas). Es por ello que es solicitado por los fantasmas del clan derrotado en la famosa batalla que ocurriera setecientos años atrás. El joven biwa-hôshi (así llamados los intérpretes de biwa que recitaban historias trágicas) ante esa voz que le reclama (Hoichi, Hoichi, Hoichi...») accede cada noche a interpretar para ellos (sin conocer quiénes son realmente) los sucesos de aquella batalla. La espléndida fusión entre lo sobrenatural y la música que fluye del biwa produce en el espectador una extraña sensación, que oscila entre la belleza y lo misterioso, entre lo real y lo místico. Las imágenes inolvidables del film se recuerdan tanto como los sonidos y la cadenciosa música. «Hoichi el hombre sin orejas» es una pieza magistral, en donde la conjunción de una atmósfera fantástica, la reconstrucción histórica en formato de leyenda épica y el relato trágico son admirables.

«En una Taza de Té»
El último de los relatos plantea sobre el motivo por el cual algunos de los cuentos fantásticos de la cultura japonesa se han encontrado inacabados... llegando, en este caso, a una solución que integra ficción y realidad, fusionándolas en su antológico final. Igual que en los otros tres relatos los movimientos de cámara se erigen en vitales a la hora de crear desazón e invitar a pensar en la presencia de lo sobrenatural: si en «Hoichi...» la cámara se mueve sigilosamente, en «En una taza de té» la brusquedad está más presente, sobre todo en los planos oblicuos del primer encuentro o en el intercambio de planos entre el interior de la taza y el rostro del samurai. La importancia de la luz y de las sombras cobra un sentido magistral al igual que en «La mujer de la nieve»: la aparición se ve envuelta en un aura de luz; las sombras de los tres sirvientes del espectro que visitan al samurai son invencibles en la asombrosa lucha que éste libra contra aquéllas. No son casuales los planos dedicados a simples tazas de té que se convierten en un elemento amenazador y nada agradable, es por ello que, coherentemente, esta obra de arte concluya con el plano de una taza de té...

"Excelente fantasía (...) ha pasado a la historia como una de las mejores películas de fantasmas que se han rodado. Visualmente perfecta." (Fernando Morales: Diario El País)

Ficha técnica
Director: Kobayashi Masaki
País y año: Japón 1964
Productor: Wakatsuki Shigeru para Bunjei/Ninjin Club/Toho Co. Lt./Toyo Kogyo Kabushiki Kaish
Guión: Mizuki Yôko, según el libro de relatos de Lafcadio Hearn
Fotografía: Miyajima Yoshio
Música: Takemitsu Tôru
Montaje: Sagara Hisashi
Dirección Artística: Toda Shigemasa (AKA Jusho Toda)
Repertorio: "El Pelo Negro": Mikuni Rentaro (marido), Arayama Michiyo (primera esposa), Watanabe Misado (segunda esposa); "La Mujer de la Nieve": Nakadai Tatsuya (Minokichi), Kishi Keiko (Auki), Mochizuki Yûko (madre de Minokichi); "Hoichi...": Nakamura Katsuo (Hoichi), Tamba Tetsuro (guerrero), Shimura Takashi (sacerdote); "En una Taza de Té": Nakamura Kanemon (Kannai), Takizawa Osamu (autor/narrador), Miyaguchi Seiji (anciano), Sato Kei (fantasma samurai).
Duración: 125 min.
Formato: Color, BSO, subtítulos en inglés

Andy Cheung

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