17 septiembre, 2009

Reseña: Tetsuo (Tetsuo. The Iron Man / Tetsuo. El Hombre de Hierro)


Sinopsis
Un hombre de la clase obrera (Tsukamoto), vive rodeado de sus fetiches: desechos industriales de metal y recortes fotográficos de atletas afrodescendientes.

Se apresta para continuar con su plan de incorporar objetos metálicos en su anatomía, pero algo sale mal y es presa del terror. Sufre un ataque de pánico y en la huida es atropellado por un automóvil.

El accidente desatará una serie de eventos en el que víctima y victimarios sufrirán las consecuencias de la venganza y del ansia desaforada que comparten íntimamente.

Trailer


Comentario
Objeto de innumerables y disímiles abordajes , Tetsuo es ese tipo de cintas que provocan reacciones extremas, animosidades polarizadas y mucha incomprensión.

Rodada en 16 mm, en blanco y negro, con un precario presupuesto y un equipo de trabajo mínimo, encabezado por el propio Tsukamoto y Fujiwara Kei (ID, 2005, disponible en nuestra videoteca), destacada cineasta experimental poco conocida en Occidente, con quien no sólo compartió la protagonización, sino también el guión, la edición y el trabajo de cámara.

Con ésta, su tercera película, alcanzó una inesperada atención internacional, que le ganó el calificativo de autor de culto y le permitió desarrollar una secuela (Tetsuo II. Body Hammer, 1992) y un remake (Tetsuo. The Bullet Man, 2009), hecho a petición de Quentin Tarantino, a color y coproducido en EEUU, que acaba de estrenarse en la 66ma., edición del Festival de Cine de Venecia 2009.

Muchas decisiones autorales acertadas confluyen en esta cinta para hacerla merecedora de un sitial de honor en la cinematografía contemporánea japonesa y mundial. En seguida las enumeramos:
  • El preciso y trepidante montaje genera un dinamismo inquietante, aparentemente caótico, que atrapa y obliga al espectador a doblar su atención.
  • Su selección del percusionista Ishikawa Chu - en la que sería el inicio de una colaboración recurrente a lo largo de la carrera de Tsukamoto -, para componer una banda sonora cargada con trashmetal, industrial, post punk, complementa a la perfección la corrosiva textura de la cinta.
  • Su apuesta por técnicas más cercanas al videoarte (como lo son el time lapse y el stop motion) que a la típica espectacularidad de los largometrajes de terror , no sólo le permitió a Tsukamoto superar los límites técnicos de un presupuesto estrecho, sino que brindó al producto final un exquisito acabado artesanal, a la altura de los trabajos de Jan Svankmajer y los hermanos Quay. A nuestro juicio, la rusticidad lograda en los efectos especiales, en el vestuario y el maquillaje, cumple eficientemente su fin de acentuar el sinsentido apocalíptico, el carácter precario, frágil y decadente de la naturaleza de los personajes.
  • Similar apreciación hay que hacer sobre el trabajo actoral, que responde a la necesidad de mantener a los personajes enmarcados dentro de las performáticas del manga y el anime, auténticas fuentes de inspiración de Tetsuo, en nuestra opinión.
Esta consideración sobre el posible origen gráfico de Tetsuo se puede apreciar en la apuesta por el blanco y negro, que brinda un grano de la imagen que, junto a los encuadres, el trabajo de cámara y el montaje, aportan una particular perspectiva plana, bidimensional, y una dramática intensidad ambiental que es muy usual en las obras del manga y el anime.

Esta apreciación también toma vuelo cuando se considera cierta similitud entre esta cinta y un clásico de esos géneros japoneses: Akira (Otomo Katsuhiro, 1988, disponible en nuestra videoteca). En ésta, el coprotagonista, Shima Tetsuo, vive atormentado por su complejo de inferioridad y su frustrante competencia con Kaneda Shōtarō, el líder de la pandilla de la que el propio Tetsuo forma parte. Hasta que accidentalmente descubre los poderes sobrehumanos que posee y que lo llevarán a creerse omnipotente.

Si bien es cierto que entre una producción fílmica y otra sólo distan algunos meses, hay que recordar que el manga se publicó exitosamente entre 1982 y 1993, de modo que no se descarta que Tsukamoto conociera esta obra tan popular para entonces. Por otro lado el tratamiento de ciertos arquetipos y ciertos temas en ambas obras, es común entre los creadores audiovisuales japoneses.

Ambos Tetsuo (el de Otomo y el de Tsukamoto) sufren una falta edípica, evidente en su ansia por hallar una fuerza sobrenatural que ampare y supere su frágil personalidad. Ésta fuerza será su objeto de goce y, finalmente, el único medio por el cual alcanzarán una fútil felicidad.

Por otro lado, tanto en Akira, como en Tetsuo, la forma gráfica que poseen los monstruos biomecánicos es muy similar: desechos metálicos se amalgaman indiscriminadamente para constituir un ser amorfo, repugnante, de apariencia inestable, inacabada e inconsistente, toda una metáfora del humano atomizado y sobresaturado, propio de una sociedad postindustrial.

Sin embargo, el Tetsuo de Tsukamoto tomará un rumbo diferente al de Otomo, cuando finalmente asume que su búsqueda no es más que la de lograr la unidad fálica. Prefiere combatir su Layo -que se presenta en su mente como un viejo vagabundo (Ishibashi), en directa referencia a una imagen paterna repulsiva y agresiva-, asimilando su cuerpo al del conductor (Taguchi), su contendiente, y proclamando su lucha contra todo lo orgánico.

Tsukamoto subraya la derivación edípica de su Tetsuo, al presentarlo como una especie de virus artificial, que se inocula en las únicas 2 mujeres de la trama tan sólo para alcanzar a su contendiente. Tras cumplir su objetivo, serán desechadas.

La carga homoerótica también se evidencia en las ocasiones en que Tetsuo halla el amor, un amor que evidentemente es narciso, y que el director enmarca con una intencionadamente ridícula pieza de jazz mainstream. El resto de la cinta, se desenvuelve pendularmente entre la incomunicación de la pareja y el rechazo de la mujer como objeto de amor y como simple vehículo para penetrar en el contendiente.

No es casual que la forma final del monstruo en el cual se transformó Tetsuo y su contendiente, sea la de un falo gigante, como tampoco es casual que el primer componente dramático de la trama sea el momento cuando Tetsuo, rodeado de amasijos de metales (Tetsuo es un nombre propio masculino japonés, cuyos dos kanji leídos independientemente significan hierro "鉄" y hombre "男") y recortes de atletas afrodescendientes, se introduce una estaca de hierro en la herida que abre en su propio muslo. La misma estaca que el vagabundo utiliza como pene y arma contra Tetsuo.

Ya en su forma final, los protagonistas pierden su distinción entre víctima/victimario y avanzan unidos en ese falo gigante - un recurso que reutilizará el cineasta Miike Takashi en Dead or Alive III. Duelo Final (2002, disponible en nuestra videoteca), como metáfora de la unidad perdida -, precariamente autoportante, pero autocomplacidos y en pleno éxtasis masturbatorio.

Pero Tetsuo, también es una cinta sobre el ansia, sobre el goce, sobre el hambre que domina a sus personajes principales y que los hace esclavos hasta perderse en si mismos, enajenados de sentido. Para Tetsuo, su ansia está en metalizar su cuerpo. Para el conductor y su novia (Fujiwara), está en ciertos gustos sexuales extremos (exhibicionismo, necrofilia, sadomasoquismo). Diferentes ansias, pero que comulgan en una misma estructura alienante y autodestructiva.

Es así que Tsukamoto utiliza, magistralmente, recursos mínimos para tratar temas de profunda raigambre existencial, que trascienden los códigos convencionales del cine de género de Suspenso y Terror del cual parte, para abordarlo de una forma muy personal, sin artificios dramáticos y con un elevado valor estético.

Ficha Técnica
Año: 1988
Guión: Tsukamoto Shinya & Fujiwara Kei
Música: Ishikawa Chu
Fotografía, edición y dirección de arte: Tsukamoto Shinya
Vestuario: Fujiwara Kei
Reparto: Taguchi Tomorowo (El Conductor), Fujiwara Kei (Novia del Conductor), Nobu Kanaoku (Mujer con lentes), Ishibashi Renji (Vagabundo), Musaka Naomasa (Médico), Tsukamoto Shinya (Tetsuo).
Productora: Kaijyu Theater
Duración: 67 min.

MAGA & SHINIGAMI

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